Los campeones del mundo: lo que Argentina enseña a quienes están dispuestos a escuchar

Serie de Blogs del Mundial - Argentina #1

Autor Mark Jarman con apoyo de Federico Perez Wodtke y Gabriel Tinghitella

La gente me pregunta con frecuencia cómo es trabajar en el sector agroalimentario de América Latina. Mi respuesta es que es el mejor trabajo del mundo, y lo digo en serio. Durante los últimos años he trabajado en toda la región y en distintos paísesdesde el corredor cafetero colombiano hasta la Pampa argentina, desde estaciones de investigación en el cerrado brasileño hasta grupos de agricultores 
en la AmazoníaConozco esta región no desde reportes misiones comercialessino de visitas en fincas, días de campo y conversaciones que se extienden hasta después de la cena. Esa profundidad importa cuando se escribe sobre ellaMuchas personas hablan con seguridad sobre América Latina después de haber visitado Brasil una veznormalmente el estado de São Paulo. Eso no es lo mismo. Esta serie es mi intento de escribir sobre lo que he visto, escuchado y lo que me han hecho tomar. 

Argentina es el lugar lógico para comenzar. No solo porque son los actuales campeones del mundo, que lo son, y merecidamente, sino por lo que el equipo argentino muestra si se observa con atención. Messi es el titular, la cara global, inconfundible. Pero el equipo a su alrededor fue lo que marcó la diferencia en Qatar. Di María apareciendo en las finales cuando más importa.

Julián Álvarez, surgido de Atlético Calchín y River Plate como adolescente, presionando y corriendo durante noventa minutos en una semifinal de la Copa del Mundo como si le fuera la vida en ello. Adicionalmente, una creencia colectiva que los sostuvo en los momentos 
en los que casi pierden:
el debut contra Arabia Saudita, los goles de último minuto y las remontadas de Francia y Países Bajos. He ido a cuatro partidos en Argentina: Rosario Central, Huracán, River Plate y Boca Juniors. 

La energía de la hinchada no se parece a nada que haya experimentado en el fútbol en ningún otro lugar. Hay una frase en el fútbol argentino: la pasión. Suena a cliché hasta que uno está en medio de ella. Durante el Mundial de Qatar 2022, la hinchada cantó mil veces: “En Argentina nací, tierra de Diego y Lionel. Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar”. 

Desde las tribunas gritando en los estadios hasta la silenciosa Pampa, Argentina expresa una pasión perdurable. La misma fuerza que eleva los cantos por Messi en el fútbol se siembra en la tierra, floreciendo después de Qatar 2022 en campos trazados con su rostro, como si la nación cultivara no solo cultivossino también devoción. 

Los cultivos que se quedaron en el campo

Mi primera experiencia real a la agricultura argentina fue en junio de 2023, cuando manejaba desde General Rivas hacia Rosario después de visitar Glimax, una empresa agtech enfocada en llevar a los agricultores las tecnologías que necesitan. En el carro iba Gabi Tinghitella, quien lidera innovación en CREA y se ha convertido en un colega y amigo. Pasamos junto a campo tras campo de soya y maíz, sin cosechar. Le pregunté qué había pasado. Gabi lo señaló con naturalidad, sin dramatismo en la voz: el precio no tenía sentido. Los agricultores hicieron los números y dejaron el cultivo en el suelo.

En un país donde los productores están sujetos a algunos de los impuestos a la exportación más altos del mundo y operan en una economía con inflación de tres dígitos, ese tipo de toma de decisiones no es inusual. De hecho, es una señal de la sofisticación del agricultor argentino, no de fracaso. “En Argentina, un ama de casa puede ser la CFO de una empresa”, dijo el CEO y fundador de una start-up británica que realizó un programa de inmersión de dos semanas en Argentina gracias a una iniciativa que lideré en 2023/2024. Lo mismo ocurre con cada emprendedor. Las decisiones productivas se toman junto con las financieras. 

Esa precisión no es accidental. Es el resultado de décadas de intercambio de conocimiento colectivo y estructurado que no existe en ningún otro lugar de la misma manera. CREA, el Movimiento de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola, fue fundado a finales de la década de 1960 y hoy conecta a aproximadamente 2.300 miembros en toda Argentina. El modelo, tomado originalmente de Francia para trabajar la erosión del suelo, es simple en concepto y radical en su ejecución: los agricultores se reúnen en grupos, comparten lo que funciona y lo que no, realizan ensayos en sus propias tierras y se exigen mutuamente rendición de cuentas. No hay pena frente a los errores y el fracaso. Hay una conversación abierta y genuina para aprender. Hice una presentación ante un grupo de agricultores de CREA cerca de Río Cuarto, en español, por primera vez desde que me mudé a América Latina, y todos pusieron atención y les gustó. Ese ambiente no ocurre por casualidad. 

Lo que Gabi y el equipo de CREA han hecho es tomar ese modelo y comenzar a expandirlo internacionalmente. CREA Hub es la parte internacional de la metodología, que trabaja con otros países y sistemas para construir el mismo tipo de entorno estructurado de aprendizaje entre pares para agricultores. Es una de las ideas más innovadoras genuinamente que está saliendo de la agricultura argentina en este momento, y casi nadie afuera de la región lo conoce. El modelo CREA no es una tecnología. Es una filosofía de inteligencia colectiva aplicada a la agricultura. Crea valor porque quienes lo impulsan realmente creen en lo que hacen, y eso viaja. 

El ecosistema de start-up detrás de los headlines 

Más allá de la parte institucional, el ecosistema argentino de start-ups agtech es más profundo de lo que la mayoría de la gente espera. Auravantuna empresa local que opera bajo un modelo freemiumya gestiona datos agrícolas en diez millones de hectáreasuna cifra que debería hacer que la gente en el Reino Unido y Europa preste atención. La empresa fue creada en Argentina, escaló dentro de Argentina y ahora se está expandiendo por la región. Es una de varias start-ups agtech que han surgido del sector agrícola argentino desde mediados de la década de 2010, varias de ellas respaldadas por fondos de capital de riesgo compuestos íntegramente por agricultores. Los agricultores argentinos no son receptores de tecnología. En muchos casos, son quienes firman los cheques. 

El mercado de agricultura digital en Argentina se sitúa en un potencial actual estimado entre 83 millones y 330 millones de dólares, con espacio para crecer de manera significativa a medida que
herramientas más complejas penetren en los procesos de toma de decisiones. La conectividad en la Pampa Húmeda es lo suficientemente sólida para sostenerlo: la cobertura 4G es casi total en la región productiva central, y la nueva generación de agricultoresque según encuestas del INTA tiene una edad promedio de alrededor de 44 años y es cada vez más joven, se siente cómoda con herramientas basadas en datos de una forma que sus predecesores no 
necesariamente lo estaban.

Donde están las brechas  

No todo está funcionando. Décadas de monocultivo intensivo de soya han dejado un legado de compactación del suelo y disminución de materia orgánica en partes de la Pampa, un tema que el sector ahora está tomando en serio. Los agricultores que fueron pioneros en la siembra directa, una contribución verdaderamente transformadora a nivel mundial que Argentina exportó a Uruguay, Paraguay y gran parte del Cono Sur, ahora están enfrentando las consecuencias de segundo orden de un sistema que, aplicado a gran escala sin suficiente rotación e insumos biológicos, genera sus propios problemas. Las conversaciones sobre prácticas regenerativas e insumos biológicos están ocurriendo, y son reales, pero la transición no es fácil. 

El sector ganadero y lechero, francamente, está por detrás de donde debería estar. Argentina es reconocida globalmente por su carne de res. Como Messi, es una de esas cosas cuyo nombre el mundo conoce antes de entender lo que hay detrásPero la pila tecnológica en ganadería y lechería está significativamente rezagada frente al sector de cereales. Eso es tanto una frustración como una oportunidad para la empresa correcta. La infraestructura de confianza, la base de agricultores con apetito por adoptar nuevas soluciones y las redes institucionales para validar nuevos enfoques ya existen. El sector necesita el punto de entrada adecuado y la paciencia para encontrarlo.

El jugador Vélez Sársfield player  

Gabi Tinghitella no es la voz más fuerte de la agricultura argentina. No es el rostro en el escenario de las conferencias ni el nombre en los comunicados de prensa. Es Vélez Sarsfield: trabajador silencioso, técnicamente excelente, promotor de nuevos jugadores, respetado por todos los que han trabajado con él, el tipo de jugador que todo equipo quiere porque el trabajo se hace sin mencionarlo tanto. Desde su perspectiva dentro de CREA, el desafío no es si los agricultores argentinos quieren innovación. La quieren, de manera que sorprenderían a la mayoría de observadores externos. El desafío es si el ecosistema a su alrededor puede igualar el ritmo que ellos están marcando. 

Esa, creo, es la lección que Argentina ofrece al mundo, tanto en el fútbol como en la agricultura. El brillo individual es visible. Messi es imposible de ignorar. La Pampa es imposible de ignorar. Lo que hay que quedarse el tiempo suficiente para entender es el sistema detrás de la estrella: los grupos CREA reuniéndose los martes por la noche para compartir datos de ensayos; las reuniones mensuales de la semana CREA para compartir y ajustar la metodología; los agricultores financiando start-ups con su propio dinero; los agrónomos con posgrados dirigiendo operaciones de 300 hectáreas y tratando cada decisión como una estrategia comercial. Argentina lleva practicando una agricultura estructurada, basada en datos y organizada colectivamente desde antes de que agtech fuera una palabra. 

He estado en Argentina cinco veces en dos años. Cada visita me enseña algo que la anterior no me había enseñado. La hospitalidad ayuda. Fede Pérez Wodtke, líder de AgriTech para LATAM en DBT, me recibió en la casa de un amigo poco después de mi llegada el año pasado y me entregó una bebida que debía tomar de la Copa del Mundo. Una prueba como inglés. La aceptación es instantánea una vez uno se compromete, igual que con el mate en una finca: una vez aceptas el mate, te conviertes en parte de la ronda. Argentina no es un mercado al que se entra en paracaídas con una presentación pulida. Es un mercado que se aprende estando presente, prestando atención y ganándose el derecho a ser tomado en serio. El equipo que gana la Copa del Mundo suele ser el que hizo lo mismo. 

Federico Pérez Wodtke dijo: “Tanto el fútbol argentino como el sector agropecuario comparten fortalezas y desafíos similares. Por un lado, ambos se apoyan en abundantes recursos naturales, con una rica historia y cultura, tierras fértiles, un clima favorable y talento, ya sea en los cultivos o en los jugadores. Por otro lado, se desenvuelven en un entorno difícil que, con frecuencia, hace que avanzar sea más complejo, marcado por la inestabilidad económica, el acceso limitado a la financiación y las cambiantes condiciones políticas. Como resultado, quienes logran tener éxito son altamente resilientes, flexibles, recursivos y capaces de adaptarse a la adversidad. De esta manera, a pesar del contexto desafiante, o quizás precisamente gracias a él, emergen más fuertes y mejor preparados.

La selección nacional de fútbol, bajo el liderazgo de su director técnico, entendió que el éxito dependía de construir el ecosistema adecuado alrededor de su jugador clave, Messi. El sector agropecuario podría estar avanzando por un camino similar. CREA, en particular, entiende que, para competir eficazmente en el Mundial de AgriTech, el ecosistema debe estar plenamente integrado, con todos los actores trabajando conjuntamente hacia un objetivo común”. 

Si trabajas en agtech y estás pensando en Argentina, o si quieres conectar con la red CREA o explorar lo que están construyendo las start-ups y otros actores, me encantaría conversarEncuéntrame en LinkedIn, contáctame a  mark.jarman@agritierra.com

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